El humanismo, la religión, el trasplante de órganos, y la definición de la muerte
Después de estar ligado al mundo de los trasplantes órganos por más de 15 años, he visto con asombro un mundo que a los médicos, muchas veces nos pasa inadvertido. En nuestro afán de ayuda, nos vemos inmersos en la vorágine de captar el máximo de conocimientos técnicos, con la idea de entregar la mejor calidad profesional a nuestros pacientes, más aun si estos, tienen una afección grave, que determine la necesidad de un trasplante, pero olvidamos cosas, que son fundamentales…
Toda moneda tiene dos caras y muchas veces y por diferentes causas, no vemos o no queremos ver la segunda cara, será por falta de tiempo, por alguna coraza protectora, que nos permita trabajar, sin que la pena y la tristeza que rodea este tema nos afecte hasta las lágrimas, o quizás sea por un temor muy interno, y por lo mismo inconfesable en el mundo técnico de de hoy.
Muchas veces, al oír las noticias he quedado espantado frente a la muerte de un niño y no puedo evitar pensar en cómo sería mi sufrimiento al perder a mi hijo, como se me trastocaría absolutamente todo y como se vería destruida mi integridad. Sin duda, esto le pasa a cualquier padre, madre, hijo, hija o hermano al perder a un familiar cercano y los médicos no estamos exentos de estas situaciones y sentimientos.
¿Y por que traigo a colación este tema?
Por dos razones, la una realmente dramática: Las donaciones están disminuyendo cada vez más en nuestro país y la segunda producto de la lectura de un artículo, recientemente aparecido en la revista Lancet, que me hizo cuestionarme profundamente, viendo el tema del trasplante de órganos y las donaciones, desde un punto de vista diferente, visto desde la camilla del paciente o desde la casa enlutada por la pérdida.
El artículo en cuestión, habla un intenso debate que se ha reavivado en los círculos ortodoxos judíos sobre si la muerte encefálica es compatible con la definición de muerte por la Halajá, el cuerpo colectivo de la ley judía, que dirige aspectos religiosos y de la vida diaria.
La semana pasada, el rabino Jonathan Sacks, el Rabino superior, en el Reino Unido, causó consternación generalizada entre los médicos cuando publicó un edicto declarando que él y su corte rabínica, el London Beth Din, rechazaban la definición legal y médica de la muerte encefálica y sólo aceptan la definición tradicional halájica de insuficiencia cardio-respiratoria o de cesación de la actividad respiratoria y circulatoria.
Esta interpretación regresiva parece llegar en un momento absolutamente difícil, en que todos los países están discutiendo las maneras más eficaces de promover la donación de órganos en un intento de hacer frente a las crecientes listas de espera para trasplante.
La posición de Sacks, sigue a la publicación de un documento en junio del año pasado, por el Comité de la Halája del Consejo Rabínico de América (RCA), en los que una determinación anterior fue anulada, la que aceptaba que la muerte encefálica, constituye una condición de muerte aceptada por la halája.
El 7 de enero, el Consejo Rabínico de América, tomó la inusual decisión de emitir una aclaración debido a las “fuertes reacciones de muchos sectores” después de la publicación de ese documento. En esta declaración, reconoce que las diferentes interpretaciones están en manos de las autoridades halájicas y que “los miembros se sirven mejor al permitir que cada rabino, pueda determinar por sí mismo qué posición halájica va a adoptar”.
Nuevas declaraciones de otros rabinos, muchos de Israel y algunos de EE.UU., confirmaron su apoyo a la muerte cerebral como criterio válido y agregó que “adoptar una posición restrictiva a la donación y una posición permisiva con respecto a la recepción de órganos es moralmente indefendible”.
Cualquier posición sobre el final de la vida, ya sea ésta, religiosa, ética o médica, debe cumplir tres criterios. En primer lugar, debe basarse en la comprensión de pruebas científicas sólidas. En segundo lugar, debe tener la mejor intención, tanto para la persona cuya vida ha terminado y para la persona que necesita un órgano para prolongar la vida. En otras palabras, no se debe hacer ningún daño. Y en tercer lugar, debe ser comprensible y debe contar con el apoyo de las personas, respetando su contexto cultural y sus creencias.
El judaísmo no es la única religión en que la incertidumbre sobre las definiciones de la muerte y la falta de una interpretación unificada, hace que la gente dude en convertirse en donantes de órganos. Los médicos somos a menudo completamente ignorantes acerca de las creencias religiosas en el contexto del trasplante de órganos.
En el Islam, también hay un debate sobre el concepto y la definición de muerte cerebral, y más aun, está prohibido violar el cuerpo humano vivo o muerto. Sin embargo, como en el judaísmo, el altruismo es también muy importante y salvar una vida es considerado un muy alto valor en el Corán. De hecho, en el Reino Unido, el Consejo Musulmán de las leyes, dictaminó en 1996 que el trasplante de órganos es totalmente compatible con las creencias islámicas, sin embargo, en Singapur, que tiene un sistema de consentimiento presunto al igual que en otros países, incuyendo actualmente a Chile, los musulmanes están automáticamente exentos de ella, y los países islámicos en general tienen una baja tasa de tarjetas de donante de órganos.
En el budismo tibetano, si bien existe la creencia de preservar la integridad física del cuerpo muerto no es visto como crucial, la conciencia espiritual puede permanecer en el cuerpo durante varios días después que ha dejado de respirar y cualquier interferencia puede perturbar el próximo renacimiento de la persona.
Los Testigos de Jehová han tenido desde la década de 1980 la postura de que la donación y trasplante de órganos es una decisión individual bajo el supuesto de que la sangre no se transfunde.
El Sijismo y el Hinduismo generalmente apoyan los trasplantes porque la integridad física del cuerpo muerto, no es visto como un concepto importante.
Con naciones cada vez más multiculturales, es muy importante que los médicos discutamos sobre el significado de la muerte y las sensibilidades culturales de las diferentes religiones. Sólo una fuerza laboral bien informada que entienda y respete las diferentes creencias puede ser confiable al momento de que las conversaciones difíciles necesiten ser manejadas cuidadosamente.
Los líderes religiosos, los legisladores y los médicos necesitamos trabajar juntos para evitar la siembra de la desconfianza y la confusión. La doctrina religiosa tiene que ser interpretada con profundo conocimiento, sabiduría y humildad. Solo asi lograremos vencer los temores y lograremos que nuestra sociedad apoye decididamente la donación de órganos. No olvidemos nunca que donar órganos, es regalar vida, y esto no se logra con leyes impositivas, solo con una cuota de amor superior, elevado, que nos haga entender que el estado último es la filantropía, o sea el amor desinteresado al prójimo, un amor que debe ser representado por la sabia frase: “dar, dar siempre, hasta que duela…
Dr. Christian Espinoza
Equipo de Trasplante Cardiaco y Pulmonar
Instituto Nacional del Tórax
